Diario El Comercio.
Pág. a7.
Domingo 10 de agosto del 2008.
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ANÁLISIS ECONÓMICO
Tanto mamar para no ordeñar
Por Fritz Du Bois
No es ninguna novedad decir que al Estado se le ve como a una vaca lechera, a la cual muchos están desesperados por ordeñar, incluso si alguno de ellos logra meterse en el establo, agarra su teta y luego nunca más la quiere soltar. Este parece el caso de los comités del Vaso de Leche, que volvieron a demostrar veloces reflejos para protestar a la primera señal de algún recorte presupuestal, y de esa manera lograron nuevamente intimidar al Gobierno, llevándolo a postergar cualquier decisión de introducir mejoras o de reformar.
Si bien el Estado tiene la obligación de velar por los desprotegidos, la lamentable realidad es que los programas alimentarios no cumplen su cometido y los enormes recursos que se les destinan son un desperdicio. Entre 1996 y el 2005 el Tesoro gastó 2.480 millones de dólares en ellos, sin embargo en esos 10 años la desnutrición crónica infantil solo disminuyo del 25 al 24 % del total de niños menores de 5 años. Más aun, considerando que ese fue un período con estabilidad económica y relativo crecimiento, por lo cual la pobreza en general disminuyó, es muy probable que esa mínima caída en la tasa de desnutrición se hubiera producido de cualquier manera aunque no existieran los programas en cuestión.
Evidentemente en el caso del Vaso de Leche, después de 23 años y 32.000 comités de madres en existencia, el manejo del programa en sí mismo ya se ha convertido en un medio de vida para cientos de miles de familias. Por ello, el siguiente paso, ahora sin temor, que debe de dar el Gobierno es sincerar la situación y ofrecerles un capital semilla a ese medio millón de potenciales empresarias que han demostrado gran capacidad y energía para organizar marchas, para que conviertan cada comité en una microempresa y liberar al Estado de la obligación de seguir subsidiando programas que claramente no han dado resultado.
Por otro lado, sigue pendiente el pasar la página de una política social asistencialista, que es ineficiente, que crea una población dependiente y para colmo con costos burocráticos crecientes, a una que logre realmente un piso plano para todos los peruanos. Por ello, se deben transferir los recursos que se desperdician en decenas de programas sociales que no tienen ningún impacto a esquemas como Juntos que al menos se fijan el plazo --con acceso forzado a salud y educación-- de sacar de la pobreza a las familias en una sola generación. Mejor aun sería entregarlos a la experiencia de los yachachiq de Sierra Productiva, quienes distribuyen tecnología y herramientas al campesino para que empiece a crear su riqueza. Pero lo más urgente sería poner en marcha la Ley Mypes que permitirá a millones de subempleados aspirar a un trabajo adecuado y esa es la única manera de salir de la trampa de la miseria.
Desafortunadamente no parece que este gobierno sea el que transformará los programas sociales, no solo le falta convicción, ya que como hemos visto esta semana cede a la primera señal de presión, sino que además, después de dos años, ni siquiera ha realizado la fusión generalizada de programas que ofreció y que no le debió haber tomado más de un par de meses . Pero la peor señal que han dado es la designación en Foncodes de un operador partidario con alarmantes antecedentes y muy cuestionado. Alimentando con ello la sospecha que habría más interés gubernamental en el potencial uso de los programas sociales para clientelismo electoral que una genuina vocación de transparentar y reformar una gestión social que a los pobres en poco ha beneficiado.
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